
La Armada española mantiene todavía su compromiso de ceder a Port de Sóller el submarino S-63 Marsopa, retirado hace cuatro años de la flota, para que sirva de museo y atracción turística.
Así lo ha confirmado a Gaceta Náutica el capitán de navío y jefe del Sector Naval de Baleares, José María Urrutia, quien ya, en septiembre de 2008, durante una entrevista con el presidente Francesc Antich aprovechó para comunicarle la aceptación por parte del Ministerio de Defensa de la petición efectuada por el anterior alcalde de Sóller, Carlos Simarro, sobre la donación del submarino. Urrutia ha declarado que el retraso de la llegada del submarino a Sóller es normal en este tipo de entregas y que ahora solamente se está pendiente de una tramitación del Govern balear.
La elección de Port de Sóller como ubicación del S-63 Marsopa fue decidida en atención a la larga historia de la Estación Naval de Sóller como Escuela de Armas Submarinas y base de submarinos. Precisamente fue este el último puerto que visitó el S-63 Marsopa en su crucero de despedida – el 18 de marzo de 2006 - antes de arriar su bandera de combate en Cartagena una vez fue puesto fuera de servicio tras haber cumplido 30 años de servicio y haber totalizado 2.728 días de mar, 31.000 horas de inmersión y 200.000 millas. La intención es que una vez llegue a Port de Sóller el submarino sea expuesto en tierra, junto al Museu del Mar, para facilitar el acceso de los visitantes y su visión de conjunto.
El S-63 Marsopa es una de las cuatro unidades convencionales y de ataque de la clase Daphne, llamada Serie 60, construidos en Cartagena, muy silenciosos y capaces de alcanzar profundidades de inmersión de hasta 300 metros, permanecer navegando 45 días de autonomía por víveres y, según sus nudos de navegación de 2.400 a 4.500 millas de autonomía por combustible. Con 57,8 metros de eslora y una manga de 6.8 metros, desplazan un total de 860 toneladas. Armados con 14 tubos para torpedos, su dotación era de 63 tripulantes. Por lo que respecta a las otras tres unidades asimismo dadas de baja, el S-64 Narval fue desguazado y las dos restantes también cumplen la función de museo: el S-61 Delfín se encuentra desde hace dos años en Torrevieja como submarino-museo, período en el que le han visitado más de 300.000 personas. El S-62 Tonina está en Cartagena a la espera de su ubicación pública.